Apariencias.

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Hoy os voy a contar una historia, una historia llena de prejucios, una historia que el escucharla enrabia a uno mismo contra algo abstracto, contra algo incombatible.

Y es que somos esclavos de nuestros pensamientos, esclavos de la ropa o del pelo, esclavos de una imagen distorsionada de la verdad, esclavos de lo que ellos quieren.

Esta historia trata sobre mí, hoy mismo, esta tarde sin más. Para quien no lo sepa, o no sepa cómo soy físicamente, tengo el pelo semi-largo, dos largas rastas colgando de mi nuca y una dilatación en el lóbulo izquierdo, como usualmente en invierno, hoy llevaba un gorro rojo. Y, como es normal en mí, vestía ancho.
Después de esta corta descripción, viene la historia.

Hoy, mi novia tenía clases en el Conservatorio Profesional de Música de Córdoba. Como yo quería verla al salir de dar idiomas, fui a su encuentro, como llevo haciendo desde Septiembre que lo abrieron, pero, esta vez, hubo una gran diferencia.

Entré por la puerta delantera en dirección a la biblioteca, donde había quedado con ella, la puerta, como siempre estaba abierta de par en par, cualquiera podía pasar.

Me dirigí a la biblioteca, pero había llegado demasiado temprano, así que salí por una puerta trasera que lleva a unas escaleras, donde a veces la espero, pretendiendo entrar por atrás para así dar una vuelta y perder tiempo mientras pasaban esos 5 minutos que quedaban para que finalizase su clase.

Ya subiendo las escaleras, dos hombres me estaban siguiendo. Uno de ellos dijo con un acento un tanto borde:
-Eh, ¿a dónde vas?
+Pues voy hacia la biblioteca.
-Por ahí no se va a la biblioteca.
+Ah, bueno, lo siento.
-¿Eres alumno del centro?
+Emm, no.
-Pues venga para la calle ya-respondió con un tono, BASTANTE irrespetuoso.
+Bueno, bueno, tranquilo -me había sorprendido por esa extraña reacción, y respondí sin entender nada-.

Volví a entrar por la puerta trasera al conservatorio, en dirección a la biblioteca para buscar a Mar, pero esos dos hombres aún me seguían, lo que notaba un tanto extraño.
Subí las escaleras y miré en la biblioteca, aún no estaba allí, me dí la vuelta y me los topé de narices.

El hombre aquel borde, habló delante mía con otro señor:
-Este no sé qué hace aquí que no es alumno.
+Bueno, bueno, no entiendo por qué no puedo buscar a alguien.
-Te he dicho que te vayas a la calle -volvió a responder de forma irrespetuosa, como si fuese escoria-.

Bajé las escaleras ya mosqueado y salí por la puerta, me quedé apoyado en la pared esperando ahí a mi novia, decidí mandarle un sms porque estaba cabreado
"Los del conservatorio son subnormales .___. Te espero fuera ._.".

Así, Mar vino y le conté lo que había pasado, ella, como es normal, se indigno, conociéndome, no entendiendo por qué me habían tratado de esa forma, subió decidida a hablar con aquel señor para ver qué le pasaba y por qué hacían esto.

Subiendo las escaleras, nos topamos con otro señor, que este, sí amablemente me dijo:
-Oye mira, que es que aquí no podéis estar si no eres del centro.
+Ah, bueno, yo es que no lo sabía, pero es que un señor no sé por qué me ha empezado a echar de forma borde.

En ese momento apareció ese señor, y empezó a negar que hubiese sido así. Hablé yo con el anterior hombre amable:
+Es que mire, no sé por qué me han tratado de esa forma sin respeto alguno.
-Pero yo te estoy hablando con respeto.
+Sí, sí, usted sí, y no me parece mal pero este señor...

Así la conversación no nos llevó a ninguna parte, así que bajamos las escaleras, ya dispuestos a salir perplejos por todo esto. Pero, la conserje, una señora ya entrada en edad, fondona y bajita, nos empezó a gritar cosas que ni recuerdo, así que haré un breve resumen.

De muy malas formas nos dijo que no podía estar ahí, que iba a llamar a la policía (todo esto gritando de malas formas).
Yo intentaba hablar con ella para explicarle lo sucedido, pero ella no es que no me escuchase, es que ni me miraba, estaba entretenida gritándole a mi novia como una energúmena.
Por lo visto, habían robado en lo que llevaba de curso 11 bicicletas, de lo cual me, al parecer acusaban, pero yo eso no lo sabía, mi novia no lo sabía, nadie excepto ellos de allí, lo sabía.
Yo solo ví la puerta abierta, como siempre y supuse que se puede entrar sin ser nada de allí, por el simple hecho de que siempre me han dejado.
Si no hubiesen querido que entrase, que cierren la puerta y tengas que llamar para entrar, yo no soy adivino.

Llegó un momento que dijo una frase que, en fin, fue muy, muy impactante:

-Pero tú ves a este por la calle ¿y qué piensas que es?

ZAS. Yo estaba delante, y me estaba tratando de esa forma despectiva sin tan siquiera mirarme, me decidí a salir fuera perplejo, mientras Mar no daba crédito a lo que oía.
Esperanza, una chavala que estaba con nosotros dijo:

+Pues pienso que es una persona.

A partir de ahí, la conversación se sucedió con gritos de esta mujer, diciendo falacias sin ton ni son, con Mar y Esperanza intentando dialogar, y no siendo escuchadas.

Decidimos que lo mejor era irnos, porque, eso carecía ya de sentido, así, me fui con un palmo de narices, y un cabreo que era imposible de quitar.

Y es que me digo:
¿Tanto son las apariencias?
¿Si no tuviese esas rastas en la espalda sería mejor persona acaso?

Soy un chico normal de 2º de Bachillerato, que estudio, no me meto en líos, y lo único que hice fue ir a ver a mi novia, y fui tratado de esa manera, como basura, como si no fuese persona.

Es normal, todos tenemos ideas sobre estereotipos, todos incluso yo o tú que estás leyendo esto, pero hay valores inolvidables antes de juzgar por una apariencia. Probablemente, yo también habría sospechado de alguien como yo, pero ante todo lo habría tratado correctamente, diciendo las cosas bien, como hay que decirlas a cualquier persona.

No hemos avanzado, seguimos estancados en los prototipos y prejuicios. Entiendo las sospechas, pero, hay algo que a mí, a diferencia de esas personas que se creen mejor que yo por no llevar rastas, me enseñaron algo de pequeño.

Ese algo se llama RESPETO, RESPETO que tengo por cualquier persona, sea negra, blanca, asiática, tenga SIDA, una cresta apuntando hacia el cielo o 30 rastas apuntando hacia el suelo.

No avanzamos señores, no avanzamos.

1 observaciones:

Nora dijo...

Estoy muy de acuerdo con tu entrada, ya sabes lo que opino, pero no merece la pena hablar con personas que no saben ni respetarte, ni escucharte.

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