Tal vez haya comprendido cosas que no era capaz. Tal vez, por pura inercia, haya tenido que avanzar esta vez solo, en mis formas, en mis relaciones. Tal vez no me atreva a escribir y hoy sí. Tal vez ya no necesito a nada. Tal vez ya no puedo.
Se que estoy solo en esto, tal vez no hay nada más duro que un jarro de agua fría, nada más duro y reparador. Tal vez hayamos cambiado los dos, pero esta vez a una distancia desde la que puedo ver el bosque, aunque no consiga pasear de nuevo por él, es curioso, ya no lo recordaba.
He sido tan imbécil... Tan imbécil y a veces tan egoísta que a veces aún me avergüenzo de mí mismo de algún modo.
Y la magia, la magia siempre ahí, como una mosca tras la oreja, buscándola por cada rincón, por cada vestigio de música, de pasión cruda.
Me he sentido arrinconado en un amor romántico durante tanto tiempo sin avanzar, que tal vez solo necesitaba dos hostias para entender de una vez qué estaba mal y tratar de arreglar mi vida, conseguir dar un paso adelante, vencer mis idealizaciones, o, al menos, calmar a ese niño dentro de mí. Simplemente es momento de vivir, y que venga lo que tenga que venir, aunque ni sepa qué estoy escribiendo, y, aunque tenga miedo, tal vez el miedo solo es una forma de estar alerta y de ir cauteloso.
Siempre ocultándonos.
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