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Puedo hacer un dibujo del reflejo de tus ojos
a la luz de la mañana,
aún puedo coser palabras
creando una imagen de tu recuerdo,
puedo arrancarme una flor del pecho
y comprobar que su mustio olor sigue recordándome a...

Puedo entrar a tus labios
y marcar de nuevo una frase esperanzadora
¿Puedo?
¿Puedo?
No.
Puedo hacerme un volátil castillo de naipes
y soplar y soplar hasta que las reinas de la baraja
vuelen como pájaros al viento,
puedo hacer de mis propios pies
unas alas que me eleven al cielo eterno,
que me conduzcan al sol donde me derrita
de una vez por todas tratando de curar la ausencia de mí mismo.
¿Puedo?
No puedo.



Por desgracia, ya no puedo saber quién eres, ni tú quién soy yo.

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