Ya no hay letras,
no hay más poemas a mi nombre,
ninguna carta escrita sin tinta.
Solo queda el eco de la lluvia
trasnochando por mi ventana.
No hay sonido de truenos.
Ni tan siquiera eso,
solo un silencio debastador
que me devuelve al olvido.
Solo un humo gris,
una maleta sin destino
y un niño perdido en el bosque.
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