Guardo aquella carta o réplica
que te escribí
y no te entregué
enterrada en mi pecho
-también en mi estantería-
con un sobre adornado
de esperanza
y el papel ya no húmedo
aún salado
Aunque las noches ya no sean
esperas para amanecer
o el puto reloj
me marque las horas,
aún no pasan para mí
no hay relojes en un bosque
-no hay baterías-
que me hagan suspirar
Conocería tus palabras
un millón de veces
de nuevo
una
y otra vez
creyendo no volver
a caer en la misma estupidez
que me marchitó un día
Guardo aquellas cosas
en un rinconcito de mi armario
como si el hueco en mi estantería
no me delatase lo suficiente
o la pintura mejor conservada
en rectángulos detrás de mi bandera
Aunque los días sean
esperas para dormir
o la mierda del reloj
emita ese jodido sonido de tictac
que me enerva
y me enfurece
Y ni quiero caer en la misma espiral
ni quiero seguir en esta
de estupidez
de huída
de mí
Mis canciones son restos
-al igual que mis poesías-
no son yo
nunca lo fueron
nada
más
que
mi mirada retrospectiva hacia dentro
nada
más
y
mucho
más
que el simple recuerdo
del fondo
Con la boca llena de sangre, no puedo cantar bien.
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