Oído.
Música que retumba en ellos, ecos de la calle y la esfera. ¿Qué eres? ¿De dónde has salido?
¿Por qué te entiendo tanto sin palabras? Y se me quedan cortas para expresarte.
Hay algo que une mis neuronas a un punto elevado, y es cuando noto tu sensación, y puedo casi tocar el sonido, algo impensable para cualquiera.
Vista.
Colores que deslumbran y se mezclan en armonía y caos. Luz que fluye a través de un mar o una fotografía o imagen nunca antes vista.
Colores que expresan sensaciones, momentos y ambientes, intocable, yo puedo tocarte.
Olfato.
Olores que retuercen mi ser, que lo devuelven a una época pasada sin saber a cuál, ¿qué me haces esclavo de mis suspiros? Aún no puedo tocarte pero te intuyo.
Tacto.
Tú que eres el más apreciable de los sentidos porque te noto, expresas rabia cuando choco y suavidad cuando te acaricio. ¿Cómo puedo verlo tan perfectamente si solo eres un sentido?
Más que palparte, tú me palpas.
Gusto.
Puedes adivinar qué es salado o dulce, qué está bueno y qué sabe mal, lo transmites a lo más profundo de mi ser. Influyes bienestar o padecer.
El sabor a sopa de un frío enero. O el burbujeante sabor de una cocacola en Agosto.
No sé que eres, pero sigues presente.
Sexto.
Tú, tú eres el que todo lo une a mi cerebro, el que conecta cada uno de ellos y los relaciona, el que me hace saber qué transmite cada cosa.
Una sensación impensable, indescriptible con simples palabras, intangible.
Tú, sexto, tú eres arte, y eres lo que noto en cada sentido, tú eres el que hace cada uno especial y distinto, el que les da especial sabiduría.
Tú, último y más importante, eres esencia de mi ser, eres yo, eres el que hace que todo sea arte en mí, eres el que me hace crear estas palabras y tornarlas en lo abstracto, no hagas nunca que me estanque en lo superfluo que tanto odio.
Tú, valiente, eres el que da la vida distinta, el toque de misticismo, el aliento que da vigor a la vida.



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