España está gritando su nombre.
España está orgullosa.
España no cabe en su gozo.
Y, al este de esta, España se está
quemando. A escasos kilómetros de de una central nuclear, apunto de
alcanzarla, de salir todo por los aires.
El presidente y la realeza, mientras
tanto, están en un país vecino disfrutando del “placer de ser
español”. Los demás políticos están en sus casas celebrándolo.
Pero nadie apaga el fuego.
Los ciudadanos están enganchados a una
tele que les dice “Viva España, oé”, que les dice: somos
vencedores. Pero aquí estamos perdiendo.
Estoy viendo la tele, y no es nada
agradable, solo oigo vitoreos, pero no lágrimas ni sudor, ni
esfuerzo.
Hoy, los grandes aclamados cobran
300,000 €, a diferencia, están luchando los bomberos por apagar el
fuego, pero ellos, ellos no cobran esta noche ese dinero.
El fuego avanza, demasiado rápido, en
la calle solo se escucha una población distraida.
Pero ya nadie se acuerda del fuego.
¿Os dáis cuenta de la metáfora de
esta situación? ¿Entendible como el incendio en Valencia o como la
situación de un país al borde del fiasco?
Todo está en nuestras manos.


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