Odio sentirte como brisa nueva
trayendo viejos fantasmas del pasado.
Fiesta en vísperas
de lo que no volverá.
Ayer cautivador,
ciégame y llévame.
Odio escucharte última campanada,
marcha nupcial, boda con mi extinción.
Mil años enfrentando nuestras miradas sin vernos,
una imagen de niebla blanquísima
grabada a fuego en mi retina
rodeando mi forma en el espejo,
la imagen de un fururo altivo
envejecida y futil, estéril y fermentada.
Décadas de olvido perfilando nuestra herida
para acabar diciendo: sí, quiero, ¡Sí, quiero!
Odio ser el canto sordo del pasado,
odio en tu cuerpo ver que ya no existo.
No existo, no existo, no existo, no existo,
no existo, no existo, no existo, no existo.
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