Televisiones mostrando un camino incierto. Y me encuentro de nuevo gritando al aire, versos, versos vacuos que no fecundan nada. ¿Tal vez es añoranza o algo más? Soy como un crío que patalea en el suelo y necesita una bofetada de alguien importante. Pero ya no es algo que sienta. Siento a las personas como humo que se dispersa en el camino por el que voy andando, todas etéreas, más que la bruma de noviembre.
Echo trizas en el vertedero. Ya no hay nada que me estremezca, que me de una sacudida tan grande y apasionante, esa que tanto necesito. Nada tan intenso y lúcido, tan irreal y palpable. Ya no veo o puedo sentir más allá del simple cariño, banal y astuta cosa. Tal vez ya no lo necesito, lo que es bueno, pero, sin mentirnos, aún deseo.
Deambulando por algún paradero. Los lobos devorándose entre sí, caminando por un bosque sin un punto al que llegar. Tanta magia vivida, y ahora nada es mágico, la conexión que no completa a alguien, pero sí complementa, aquello es lo cierto. Y lo cierto es que puedo vivir, pero el mundo es un poco más feo.
Menosprecio. Me quiero libre. Y ahora que lo soy más que nunca, veo demasiado.
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