
¿Dónde estás? ¿A dónde vas? ¿De dónde vienes?
Son todo preguntas, preguntas no sin posible respuesta, si no con infinitas, infinitos pensamientos que surcan tu mente al leer esta interrogación, algo sencillo, tanto como un simple adverbio interrogativo.
Nos morimos, ¿o simplemente estamos ya muertos? ¿Acaso es esto el cielo? Para algunos más bien el infierno, un infierno con ríos de escarcha, donde las desgracias suceden a miles, pero, sin menos no hay más, sin negativo no hay positivo, sin día no hay noche.
Todo está en la mente, acaso has pensado alguna vez, ¿qué es la realidad? ¿lo que tus sentidos tocan? o lo que sueñas cada noche al acostarte, ¿qué es tu mente? ¿Cómo algo tan aparentemente obvio se volatiliza cuando empiezas a pensar?
Tengo sueño, pero no quiero dormir, estoy inspirado, pero no puedo escribir, tengo hambre, pero no me apetece comer, a veces parece que despierto, o en un sueño vuelvo a caer.
Nadie puede responder por tí, tú no puedes responder por nadie, y esa, es la base.

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