
Todos tenemos un lado oscuro, invisible, intangible, desconocido...
Y, cada vez que nos miramos al espejo, lo vemos tras nuestra, como una sombra dispuesta a acuchillarnos en las situaciones arduas.
Ella está detrás nuestra deseando salir, actuar, no quiere estar por más tiempo retenida, lleva mucho viendo la cara de todos esos conocidos a los que tú llamas amigos.
Ella lo sabe todo, sabe mucho más que tú, y la recluyes en su celda de culpabilidad, de ansiedad, de angustia.
Los dos lo sabéis y no para de repetir: "déjame salir, déjame salir, déjame salir, déjame salir..."
Pero, ¿sabes? La culpa es tuya, solo tuya.
Nadie puede esconder quién es, nadie puede pretender ser aceptado por todos, nadie que no esté en su sano juicio.
En estos tiempos que corren, el loco es el que es quien es, y el cuerdo el que se refrena y esconde esa parte tras suya, en ese espejo inexorable.
Un hombre no es sincero cuando habla de sí mismo. Dale una careta y te dirá la verdad, dale un personaje y te dirá qué quiere ser y qué no puede, dale una canción y elegirá como se siente, dale un cuadro y elegirá el absoluto caos.
Rompe el espejo, y obtendrá conformidad, y lo más importante, libertad.

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